SOBERANÍA ALIMENTARIA EN LA MESA

SOBERANÍA ALIMENTARIA EN LA MESA

En un post anterior mencionaba la importancia que tiene viajar y vivir en lugares diferentes para crecer a nivel personal y profesional. En éste quiero remarcar lo interesante y enriquecedor que resulta trabajar y conocer a gente con culturas muy diferentes a la tuya. Por ejemplo, durante mi etapa predoctoral, tuve la oportunidad de compartir despacho en la Unidad de Nutrición de la Universitat Rovira i Virgili con Patricia López-Uriarte, doctora en Nutrición y Metabolismo y actualmente investigadora en la Universidad de Guadalajara (Jalisco, México), quien me enseñó sobre la cultura mexicana.

Hace una semana Patricia asistía junto con una compañera de su centro de trabajo, Claudia Magaña González, al VI Congreso Internacional del Observatorio de la Alimentación y la Fundación Alícia en Barcelona. Tras el congreso nos reencontramos en Reus y, como ellas dirían, “platicamos, platicamos y platicamos” y pasamos un rato muy agradable en el que Claudia, que es doctora en Antropología social y trabaja en el Centro de Investigaciones en Comportamiento Alimentario y Nutriciòn (CICAN) de la Universidad de Guadalajara me explicó un nuevo concepto “Soberanía alimentaria” como otra manera muy interesante de comer. Aprovechando su corta visita en la ciudad, la entrevisté con la finalidad de aprender más acerca de este tema.

Claudia, ¿qué es la soberanía alimentaria y cuando aparece por primera vez este concepto?
Soberanía alimentaria es un término político que reclama el derecho de los “pueblos” a definir sus propias políticas agropecuarias y en materia de alimentación a proteger y reglamentar la producción nacional y el mercado; todo ello con el fin de lograr la autosuficiencia alimentaria, sin necesidad de que el mercado internacional esté por encima de los pueblos.

El término político se desarrolló a lo largo de la década de 1990 cuando en Tlaxcala, México fue la conferencia internacional de La Vía Campesina donde se reunieron grupos de campesinos y campesinas, pequeños y medianos productores, pueblos originarios, sin tierras, migrantes y trabajadores de tierra. Este movimiento puso en el centro de la mesa la defensa de la agricultura a pequeña escala “agroecológica, sustentable, orgánica” como un mecanismo para ejercer justicia social y dignidad. Lo interesante de este movimiento, ahora reconocido como La Vía Campesina (LVC), es que es una red que articula a millones de personas a nivel mundial, organizados de manera muy diversa y que continuamente se reúnen en regiones (Latino-América o África) para compartir experiencias, anécdotas de cómo retomaron sus prácticas en materia de agricultura y/o cómo han ido incorporándolas para recobrar territorios; lo que detona la recuperación de la memoria histórica de los pueblos y por ende, se recuperen espacios. En estos espacios se abre la posibilidad de que millones de personas, de diferentes nacionalidades, reflexionen sobre sus formas de producir, intercambiar, transformar y/o comercializar alimentos. Es decir, que favorece y facilita la dimensión política y al mismo tiempo la construcción de un tipo de alimentación consciente.
¿Podrías explicarme más acerca de esta alimentación consciente?
¡Claro! La alimentación consciente es un tipo de alimentación que se ha reflexionado a partir de compartir experiencias, conocimientos, y saberes relacionados con la producción, transformación y/o distribución, comercialización, trueque de alimentos. Pero que surgen de un análisis de tu realidad concreta (situación laboral, condiciones de desigualdad, relaciones de dependencia con gobiernos, etc.).
Se caracteriza porque hay un preocupación de la alimentación en tres sentidos:
En primer lugar, la salud. La preocupación actual en países europeos serían las alergias, mientras que en Latino-América o África sería la presencia de múltiples enfermedades como el cáncer (pesticidas en MEXICO repercuten en salud campesino indígenas o pueblos originales). Se entiende que el consumo de alimentos producidos bajo esta lógica política (responsable) provee de alimentos más sanos porque son libres de químicos. Muchas personas entienden que un alimento producido agroecológicamente u orgánicamente es una alimento saludable. Los alimentos son “la medicina”.
En segundo lugar, el consumo responsable. Con mi acto de decidir qué comer y cuánto, hago que exista un menor deterioro en términos ecológicos (relación entre hombre y medio ambiente). Comer bien significa que se tiene un alimento que no contiene químicos aunado a que ha sido cuidado desde su germinación hasta su corte. Lo que implica que la relación entre hombre y naturaleza se re-establece, por ejemplo, una campesina que produce bajo el ciclo de la luna, respetara los tiempos de fertilización, de rotación de cultivos, la diversidad de cultivos y el tiempo en que debe ser cortado.
Y tercero, hacer una propuesta política de otras maneras de organizarnos para no solo gestionar los alimentos sino dignificarlos. Es una propuesta política porque muy probablemente yo no puedo producir todas las variedades de alimentos, pero si tengo un vecino que produce otros yo puedo compartir o troquear, lo que implica que el alimento ya no es una mercancía con valor monetario y más bien es un medio a través del cuál puedo fortalecer los vínculos con otros vecinos. Al mismo tiempo, en el caso de Latino-América los despojos de tierras son continuos e históricos, por lo que como decía anteriormente, recuperar la producción a pequeña escala ha favorecido que la gente se organice y enfrente a los gobiernos u empresas para defender sus territorios.

¿Cómo podemos dignificar nuestra alimentación?
Primero, en el caso de México se debería recuperar la preparación de los alimentos en el hogar, el consumo de productos locales, regresar el alimento a la mesa sabiendo que ese alimento fue producido o cuidado desde la selección de la semilla hasta poder ponerlo en la mesa (cuidado, sin gérmenes patógenos, etc.), es un alimento que además une a los comensales porque quienes lo consumen probablemente lo produjeron, saber lo que dura el crecimiento de una cebolla te hace revalorarlo. Cuando habló de dignificarlos es que ha habido un proceso de toma de conciencia de una comunidad, barrio o grupo que se refleja en la recuperación de variedades nativas de cultivos, al tiempo de que se vuelven a sembrar pero para que estos sirvan como símbolos que refrendan las relaciones de identidad de los miembros de una comunidad.

Entonces, ¿sería esta dignificación diferente para cada persona y comunidad/región?
Sí, nunca va a ser la misma. Depende del análisis de la situación política, económica, social y juntos se pone en común y compartes experiencias. Lo interesantes es que todo este movimiento de soberanía alimentaria se está dando a nivel mundial. Es por ello que mi propuesta está orientada a entender que son muchos tipos de soberanías, precisamente porque no todos vivimos o desarrollamos las mismas prácticas o estrategias, ni pensamos los alimentos de la misma manera. Es decir existen soberanías alimentarias.

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¡Muchas gracias Claudia! Ahora os debo una visita para conocer el Centro de Investigaciones en Comportamiento Alimentario y Nutrición de la Universidad de Guadalajara. ¡Qué sea pronto!

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